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Full text of "De telón adentro : cuadro cómico lírico en un acto"

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EL TEATRO 



COLECCIÓN DE OBRAS DRAMÁTICAS 7 LÍRICAS 



DE TELÓN ADEMO 

CUADRO CÓLICO LÍRICO EN Üfl fiCTO 

original de 

D BRUNO GÜELL 

música del 

OVEtro. FAUSTINO 



MADRID 
FLORENCIO FISCOWICH, Editor 

{Sucesor de Hijos de A. Gu'.lón) 

Oficinas: POZAS, 4, 2.° 
1900 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Ghapel Hill 



http://archive.org/details/deteinadentrocua25014fand 



DE TELÓN ADENTRO 



Esta obra es propiedad de D. Bruno Güell, y nadie 
podrá sin su permiso, reimprimirla, ni representarla en 
España y sus posesiones de Ultramar, ni en los países en 
los cuales haya celebrado ó se celebren en adelante tra- 
tados internacionales de propiedad literaria. 

Así mismo se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados de la galería lírico dramática, titu- 
lada EL TEATRO, de D. Florencio Fiscowich, son 
los exclusivamente encargados de conceder ó negar el 
permiso de representación y del cobro de los derechos 
de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



DE 11 ADEMO 

CUADRO GÓmiGO IiÍRIGO 

EN UN ACTO 

original de 

D. BRUNO GÜELL 

música del 

ACOGIDO CON EXTRAORDINARIO ÉXITO 
EN CUANTOS TEATROS SE HA REPRESENTADO 



BARCELONA 

Tip. db Manuel Tasis, Tallers, 6, 8 y 10 
1900 



HEPAE5.TO 



PERSONAJES 



ACTORES 



D. a CASIA Sra. Moragas. 

D. a NISIA . Srta. Fernández. 

ANTONINA . . ... . . » Valdés. 

TEODORA » Barbat. 

CORISTA 1. a » Farnés. 

ÍDEM 2. a . ■ » Jentil. 

D. PANFILO Sr. Guell (R.) 

JUSTO JOB (Empresario) ...» Gutiérrez. 

JUAN PAGANO. ..... > Alfonso. 

LUIS . » Castillo. 

PEDRO (Avisador) » Alarcón. 

2.° APUNTE » Aprile. 

Coro arenera! 



Época actual. Derecha é izquierda del actor 



Los materiales de orquesta de las obras de D. Bruno Güell, pueden 
pedirse á D. Florencio Fiscowich, ó al autor. 



ACTO ÚNICO 



La escena representa un vestíbulo del escenario de un teatro; 
puertas laterales que figuran los cuartos de los artistas; en 
el foro tres puertas; es de noche. 



ESCENA PRIMERA 



Coro general y luego PEDRO 



Música 

Ellas. Buenas noches. 

Ellos. Noches buenas 

Ellas, á vestirnos, que ya es hora. 

Ellos. Oye, escucha, 

Ellas. que rne quieres 

Ellos, decirte una sola cosa. 

Ellas. Que te veo. 

Ellos. Lo presumo. 

Ellas. No te canses que es en balde. 

Ellos. Yo te quiero. 

Ellas. Vaya, vaya. 

Ellos. Y quiero que tú me ames. 

Ellas. Es inútil que me quieras, 
ni hagas el oso ya más, 
ni me busques ni me irrites, 
pues nada conseguirás. 
Que un corista á una corista 
nunca debe cortejar, 



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- 6 - 

porque el que no tiene gusto 
no nos puede enamorar. 
Ellos. Convencido me he quedado 
y te puedo asegurar 
que jamás nunca en mi vida 
de mi amor te vuelvo á hablar, 
porque siendo una corista 
mucho lustre quieres dar, 
presumiendo de señora 
aunque tengas que ayunar. 
Ellas. Que tú no ignoras 

lo que ganamos 

que no llegamos 

para vivir. 

Y así no extrañes 
que más queremos 
los ricos memos 
que dan de sí. 

Tú ya ves 
que al pensar 
en vestir 
y calzar. 
No es posible que te comprometas, 
pues si ganas solo tres pesetas, 
con qué caldo me vas á engordar 
Ellos. Pues tú no ignoras 

que con tu vicio 
hasta el Hospicio 
tendría que ir. 

Y así no extrañes 
que el mejor día 
ni con tu tía 
puedas vivir. 

Si ya ves 

empezar 

tu cutis 

arrugar. 
Si en tus años tienes un mal rato 
y tu cara se vuelve un zapato, 
á dos velas te vas á quedar. 
Todos. Pues la verdad te he dicho 

yo no admito más contestación. 
Pues la verdad te he dicho 
yo no admito más explicación. 
Ellos. Quizás te habré enojado. 



- 7 - 

Ellas. Acaso te he ofendido. 
Ellos. Perdón, perdón te pido. 
Ellas. Pues ya estás perdonado. 
Todos. Amigos nos queremos 

amigos nada más 

y juntos siempre iremos 

al teatro á trabajar. 

Cuando el «Granadero» 

con el tambor colgando 

rataplám, rataplám, 

con qué gracia estáis tocando. 

Te veo en el «Chaleco» 

con la corneta al labio. 

Tarati tara tarati 

porque no me quieres rabio. 

Vosotros en el «Cabo» 

formáis el pelotón, 

un dos, un dos, un dos, 

y en los «Descamisados», 

de la guitarra al son, 

tirintintin, tirintintón, 

ole chipen, ole chipen, 

y al compás del pasacalle 

con mucho aquel, con mucho aquel 

se verán nuestros andares. 

Y haciendo así, y haciendo así, 

dominando el escenario. 

Todo el mundo grita bravo, 

bravo, bravo á repetir. 

(Entra Pedro con un banasto á cuestas.) 

Hablado 



Pedro. 
Todos. 
Pedro. 

Una. 

Pedro. 

Uno. 

Pedro. 



Una. 



Anda, como sus divertís. 

Pedro, Pedro. Ola, Pedro... 

Las manos quietas, ¿eh? si no, empiezo á 

coces. 

Qué burro eres. 

Ya lo creo, y de carga; mira como voy... 

¿Qué traes? 

Pus... el mundo de la tiple. ¿Esta si que es 

una mujer de mundo, eh?. .. porque mira 

que es gordo. 

Oye, Pedro; me irás por alfileres. 



— 8 - 

Pedeo. ¡Anda rica!... ¿Te habrá tocado la lotería?... 

Otro. Traeme tabaco... 

Pedro. ¿Tú fumas? Pues yo también; pon otro rea- 
lito. 

Una. Ve por blanquete. 

Pedro. Tú lo entiendes... A restaurar tocan... por- 
que mira que tienes una cara que paece... 
un Juicio Oral... 

Otro. Dile al sastre, que aun no tengo la ropa... 

Pedro. Por eso no vas á ninguna parte;... qué has 
de tener tú ropa, hombre. 

Una. Pedro, dile á la Empresa que no tengo pa- 
langana. 

Pedro. Maldita la falta que te hace. Si te lavas so 
lamente el día que llueve... 

Unos. Bribón. 

Otros. Insolente. 

(Le molestan, y como va cargado, se defiende á coces; juego. 
Mutis el coro; gran algazara.) 

Pedro. Pécoras. Cócoras... Demagogos. Gané ya la 
batalla. El enemigo huyó á la desbanda- 
da... Hombre, por qué nacería yo avisador 
de teatro... ¿por qué mis padres no me fa- 
bricaron arzobispo ó general?... 



ESCENA II 



Dicho y JUSTO 

Justo. Pedro. 

Pedro. ¿Señor empresario? 

Justo. ¿No ha llegado la tiple todavía? 

Pedro. Ni sus papas tampoco. 

Justo. Ni falta que hacen. Son las ocho y media, 
la hora de levantar el telón, ella trabaja en 
la primera escena y el público está ya pa- 
teando. 

Pedro. Pues mire usted, que patee, que patee, por- 
que hay para rato; aunque llegara ahora... 
tiene que ponerse las carnes... 

Justo. Cómo, ¿carnes? 

Pedro. Sí, señor... las mallas de carne. 

Justo. Pues que no se las ponga. 

Pedro. Justo. 



— 9 — 



Justo. ¿Qué? 

Pedro. No, digo que eso, que salga con las suyas., 

(Mutis.) 

ESCENA III 

ANTONINA, D* CASIA y D. PANFILO 

Música 



Anto. Soy la tiple Antonína 

con voz de ruiseñor, 
y de la Compañía 
soy la artista mejor. 
Pan. y Cas. Nuestra hija Antonina 
fruto de nuestro amor, 
y de la Compañía 
la tiple mejor. 
Anto. Lo que es hoy en la zarzuela 

no hay quien me pueda igualar, 
que en el verso soy muy buena 
y en el canto mucho más. 
Tengo buena figura, 
juventud y vigor, 
esbeltez y hermosura 
y es el arte mi amor. 
Casia. Tiene mi hija en la garganta 
un tri-neo en sol y en fa 
y hace una escala reumática 
y un sí al centro natural. 
Pánf. Y el empresario me temo 
que á mi hija matará 
pues tres piezas por lo menos 
por noche le hace cantar. 

Hablado 

Pan. Y como que vales tanto, hoy la voy á ar- 
mar con el empresario. 

Casia. Razón nos sobra... ¿quién no está orgulloso 
de un brillante?... Ya verás como le ajusta- 
mos las cuentas. 



10 - 



ESCENA IV 



Dichos, JUSTO y PEDKO 



Justo. 
Casia. 

Justo. 

Casia. 

Pedeo. 

Casia. 



Justo. 
Pan. 



Justo. 

Anto. 
Pan. 

Pedro. 
Justo. 



Casia. 



Pan. 



Justo. 
Pan. 



(Se oye el pateo del público.) 

¡Ay! gracias á Dios! Vamos aprisa, que el 
público se impacienta... 
Que se impaciente. No te apures, niña, que 
sin tí no levantarán el telón. 
Es que pasa la hora. 
También me paso yo. 
(Aparte) Es verdad; hasta huele mal. 
No nos venga á sofocar ahora... buenos es- 
tamos hoy... Antonina le hace esta noche 
un gran favor. 
Señora, no sé... 

Pues es muy sencillo: que á no ser por mí, 
que soy hombre práctico por mis cuarenta 
años de teatro, y sé lo que valen los intere- 
ses de una empresa... y primero sacrifico 
los míos que perjudico á los demás... no tra- 
bajaba esta noche mi niña. 
Bueno, bueno. Antonina, vístase usted, por 
Dios, que voy á tener una multa... 
¡Jesús! Déjeme usted descansar. 
Descansa, hija mía, descansa. En mis tiem- 
pos, cuando yo era galán joven... 
(Aparte) Ya pareció el peine. 
Don Panfilo, no me crispe los nervios con 
sus tiempos... Vístase usted, niña... 

(Pateo dentro) ¿No Oyen al pÚbÜCO? 

Sí, el público, el público!,.. Los reventado- 
res que tienen apostados algunos envidiosos 
del mérito de mi hija. Anda, vístete, víste- 
te, que ya se arreglará esto. 

(Antonina entra á vestirse) 

No, que se debe arreglar enseguida. Haga 
usted el favor, señor empresario... Que sal^ 
ga el Avisador y manifieste al público lo 
que pasa. 
Pero, ¿qué pasa? 

Que mi hija no está vestida por falta de sa- 
lud... y que trabajará esta noche para com- 



— 11 — 

placer al público y á la empresa. No fuera 
que al salir, sin culpa alguna, se llevara 
ella la grita. 

Justo. Eso es... Y con esa mentira, en lugar de 
una grita merecida, se llevará un aplauso. 

Pedro. Diplomacia de bastidores, como dice el abo- 
nado don Canuto... 

Anto. (Desde ei vestuario) ¡Pedro! ¡Pedro! 

Pedro. ¿Señorita? (Aparte) ¡Algún relincho! (Alto) 

Anto. ¡Esto es insoportable!... esto (apareciendo) no 
se puede tolerar... 

Pan. ¿Qué, hija mía? 

Casia. ¿Qué, tesoro mío? 

Justo. Veamos, ¿qué es ello? 

Anto. Que después de hacerme sofocar tanto, re- 
sulta que no puedo vestirme. 

Justo. Pero, ¿por qué? 

Anto. ¡Pues! ¡por nada!... ¡Ya ve usted!... no ten- 
go más que dos velas en el tocador, y ya 
sabe usted que á mí se me ponen cuatro 
velas. 

Pedro. (Aparte) Sí, para que estés de cuerpo pre- 
sente. 

Casia. (Alto; ¡Es verdad! ¿Cómo es posible que se 
vista mi niña con dos velas?... Esto es in- 
digno para la primera figura de la Compa- 
ñía... No te guardan ninguna considera- 
ción. 

Pan. Te tratan lo mismo que á una corista. Esto 
es incalificable. 

Casia. ¡Tú te tienes la culpa! No pasaras ciertas 
cosas... 

Justo. Pero, si... 

Pan. No pretenda usted escusarse. En mis tiem- 
pos, le hubiera costado caro esta falta de 

atención. (Pateo fuerte del público) 

Justo. (Fuera de sí) ¡Basta... basta!... Pedro, traiga 
usted un quintal de velas. Salga usted á 
anunciar al público lo que pasa. 

Pedro. ¿Lo de las velas? 

Justo. Sí... No... lo otro... lo del favor: lo... que 
estamos en un manicomio. Vaya corriendo, 
corriendo, ó termino esto de otra manera. 

(Mutis Pedro y Justo) 



- 12 - 



ESCENA V 

D. a CASIA, D. PANFILO y ANTONINA, dentro 

Casia. Si tú hicieras lo que debes, no nos pasaría 
esto. No sirves para nada. Un padre que 
tiene una hija que es la salvación de las 
empresas, debe ser un rey absoluto. 

Pan. No me veré en otra. Di mi palabra á don 
Justo, y... 

Casia. ¡Palabra! ¡palabra!... ¡Quésabenlas empre- 
sas qué es palabra! Con tus majaderías lo 
que haces es consentir que tu hija pierda la 
salud... Ya has visto hoy cómo está... páli- 
da, ojerosa... 

Pan. Bueno... eso va á días. 
Caía. Y si ella pierde la salud, ¿de qué vives tú, 
y ella... y yo? 

Pan, Pues, del cocido... 

Casia. Además, no quiero que te cuides de ajus- 
taría. No sabes lo que te pescas. 

Pan. ¡Pero, Casia!... 

Casia. Ajustar á la niña por doce duros diarios y 
un beneficio libre.. . ¡Qué barbaridad! Por 
el precio que pide cualquier tiplecilla de 
café cantante. Te digo que no te cuidas ya 
más de eso. Lo haré yo, que sé mejor que 
tú ios céntimos que tiene una peseta. 

Pan. Demasiado me consta... Nunca te equivo- 
cas cuando me das para tabaco... Y á pro- 
. • pósito, me falta... 

Casia. Eres una calamidad, Panfilo... ¡Cada día 
diez céntimos para cigarrillos! ¡Ni la chi- 
menea de un horno! Luego te daré... 



ESCENA VI 

Dichos y PEDRO (con dos velas) 



Pedro. Las dos velas. Está ya anunciado lo del 
meneo. 



— 13 — 

Casia. ¡Cómo! 

Pan. ¡Qué! 

Pedro. Digo, lo del mareo, porque ha dicño que es- 
taba mareada. 

Pan. Y que por favor... 

Pedro. Especial, me había pedido las dos velas... 
digo, no... lo otro. 

Casia. Qué bestia es este avisador. 

Pedro. Gracias por el requiebro, doña... Casia. 

Anto. (De dentro) Mamá, me falta la hebilla de un 
zapato. 

Casia. Aquí todo desaparece. Esto no es teatro... 
es una covacha de bandidos. 

Pedro. Y de lenguas viperinas. 

Casia. Cállese usted y vea qué se ha hecho de la 
hebilla. 

Pedro. Pero, señora, si acabo de llegar con la ca- 
nasta y no me he movido de aquí. 

Casia. Pues usted sabrá... Vaya usted por una he- 
billa y que la pague la empresa. 

Anto. (De dentro) Dése usted prisa, que yo no pue- 
do empezar sin la hebilla. 

Pedro. ¿Y dónde busco yo ahora la hebilla? 

Pan. ¡Al demonio! Corra usted. 

Pedro. Bueno, pero antes anunciaré que por falta 
de una hebilla... 

P'án. Vaya, hombre, no hay necesidad de tanta 
música. Ligereza en las piernas y basta. 

Pedro. Veremos si por la hebilla me rompo yo una 

rodilla. (Mutis Pedro) 



ESCENA VII 



D. PANFILO, D. a CASIA, ANTONINA y luego JUSTO 



Anto. 

PAN. 



Casia. 



Justo. 



(Griterío grande dentro) 

(Dentro) ¡ Ay ! Dios mío, que azarada estoy. 
No te azares por nada... Vístete como Dios 
manda, porque primero eres tú que todos. 
Y tú, Casia, pásale hoy el ojeo á las carnes. 
Descuida, hombre; tampoco eso es cuenta 
tuya. 

(Sale) Pero, Antonina; por Dios, hija, que 
pasamos ya un cuarto de hora de lo regular. 



— 14 - 



Casia. Pero, cállese usted: la niña no puede hacer 
dos sacrificios á un tiempo. 

Justo. Pero, el público... 

Pan. Qué público ni que ocho cuartos: atienda 
usted á la artista, que es la que le trae á 
usted ese público. 

Casia. T no la crispe los nervios con sus imperti- 
nencias. 

Justo. Si yo no... 

Pan. No sabe usted ser empresario. Lo primero, 
para ejercer de tal, es saber distinguir. 

Casia. Y atender y ser amable. 

Justo. Yo creo, señora, que mi conducta para con 
ustedes es irreprochable... 

Casia. Pero más irreprochable es para otros... co- 
mo por ejemplo, con la Gómez. .. Con esa 
si que tiene usted una conducta irrepro- 
chable. 

Justo. Doña Casia, por María Santísima, no en- 
cendamos velas al diablo. 

Pan. No, si ella no se mete en vidas privadas; lo 
dice por... lo que lo dice. 

Casia. Naturalmente... ¡Pues no se está viendo el 
interés, que digamos!... Se ha empeñado en 
hacerla tiple, y quieras que no, el pingajo 
aquel, aparece tiple. 

Pan. Cosa que nosotros, si no fuéramos tan bue- 
nos y tan decentes, no deberíamos consen- 
tir... ¡Cómo puede tolerarse que la señorita 
Gómez, le haga siquiera una parte secun- 
daria á nuestra niña!.., 

ÁNTO. (Que aparece vestida de malla) Dice lUUy bien pa- 
pá... Y lo que es esto, no lo paso ya más, 
don Justo. Traiga usted otra tiple... pero 
tiple; no mamarracho! 

Justo. Eso es tocar ya la dignidad artística. 

Casia. Que es más decente que tocar el violón, co- 
mo algunos empresarios. 

Justo. (Aparte) ¡Dios me contenga! 

Anto. (Aito) ¡Ah! se me había olvidado. Yo no es- 
treno Las Habas verdes pasado mañana, si 
continúa usted empeñándose en que la se- 
ñorita Gómez haga la «Gilda.» 

Justo. Pero, Antonina... comprenda usted, que si 
yo pago, yo... 



15 



Anto. 

Casia. 

Pan. 

Justo. 

Casia. 

Justo. 

Pan. 

Justo. 



Casia. 

PAN. 

Justo 



Anto. 

Justo. 

Anto. 



Casia. 

Justo. 

Pan. 

Casia. 

Justo. 

Casia. 

Anto. 

Pan. 

Justo. 



Anto. 
Justo. 



Nada, nada; de ninguna manera. 
Resueltamente; no lo queremos. 
No lo queremos, no señor. 
Pero aquí, ¿quién paga? 
Usted dirá. A mí, usted. 
Pues entonces, ¿quién debe mandar? 
Yo sé más que usted de eso. En la delicade- 
za y pundonor del artista, no manda nadie. 
Pero es que, con tanta delicadeza y pundo- 
nor y sensibilidad, no se llena la taquilla... 
y se sale á conflicto por minuto. 
Aquí del talento de usted para evitarlo. 
Aquí de la diplomacia. 

Bueno, bueno, bueno. Ya hablaremos de 
esto otro rato; ahora á empezar. 

(Dando ordenes desde la puerta del foro.) 

Bonifacio, el timbre... Traspunte, figuras á 
escena... Maestro, á la silla... Vamos, hija 
mía... fierecilla... mal genio... Ande á es- 
cena... 

Sí, sí; buen pez está usted. Ya lo sabe, yo 
no hago la obra nueva con la Gómez... 
Bien, bien; déjese de tonterías, 
(Encolerizándose) Que no la hago, vamos... y 
que me voy... y que no trabajo esta noche 
si no se me atiende... 
Si señor, que no trabaja ya... 
Pero si yo no digo... 
Nada, que no trabajamos... 
Desnúdate... se acabó. 
¡Por Dios, vivo!... Esto es una iniquidad... 
El inicuo es usted. 

Y el descortés y el mal educado. 

Y cuide usted más de la frase, porque... 
Lo que hemos de cuidar es, que el telón 
está levantado y que usted va á salir, se- 
ñorita. 

Que salga la Gómez, su notabilidad de us- 
ted. 
¡Que voy á rebentar, don Panfilo! 



- 16 - 



ESCENA VIII 

Dichos y SEGUNDO APUNTE 

2.° Ap. Señorita Antonina... prevenida. Coro de se- 
ñoras á escena. (Mutis el 2.° Apunte) 

Casia. Que no sale... que bajen el telón... que re- 
viente el empresario. 

(Van atravesando la escena el coro de señoras, vestidas de 
"Bacantes*) 

Justo. Pues ya reventé; á escena, fuera remilgos 
Pan. ¡Señor mío! señor mío... 
Justo. ¡Nada! que del primer estacazo le aplasto 
á usted ese abdomen de burra de leche. (Le 

da un golpe al estómago.) 

Pan. ¡Señor mío... señor mío!... 

Ca.sia. ¡Caballero! ¡Caballero! 

Pan. Señor mío... Señor mío. He sido galán jo- 
ven... 

Anto. Papá; no quiero que te pierdas por mí. 

Justo. Bastante es, que ustedes me hacen perder á 
mí el dinero y la paciencia. 

Anto. Y usted me ha hecho perder... 



ESCENA IX 

Dichos, PEDRO y enseguida 2,° APUNTE 

Pedro. La hebilla... No había doradas y la traigo 

negra. 
2.° Ap. Faltan cuatro versos... 
Justo. A escena he dicho. (Empujándola) 
Casia. ¡Jesús, qué atropello! Mañana daré cuenta 

al señor Gobernador. 

(Mutis todos menos Justo y D, Panfilo) 



ESCENA X 

DON PANFILO y JUSTO 

Pan. No haga usted caso... está ida... 
Justo. Y usted vuelto. 



17 — 



PAN. 

Justo. 
Pan. 

Justo. 
Pan. 



Justo. 
Pan. 

Justo. 
Pan. 

Justo. 

Pan. 

Justo. 

Pan. 

Justo. 

Pan. 



Justo. 
Pan. 



Justo. 
Pan. 

Justo. 
Pan. 



Eso me pasa siempre... Cuando ella vuelve 
las espaldas, yo me vuelvo otro. 
¡Calzonazos! 

Gracias. He sido galán joven. ¡Ah! oiga us- 
ted, don Justo, yo quería pedirle un favor. 
Aguarde, que voy á blindarme. 
No, no es dinero... directo. Va por tabla. 
En la obra que se estrena mañana, necesita 
usted un «Padre Eterno» mitológico. 
Un comparsa. 

Bueno. Y cuanto le cuesta á usted este ga- 
lán de lanza. 
Una peseta. 

Pues yo lo hago en competencia por tres 
reales. 

Pero ¿usted «Padre Eterno?» 
Estaré en carácter. Ejerzo de esto. 
¿Y si doña Casia se entera? 
No, no se enterará. 

Pero cómo es posible... ¿Dónde se viste us- 
ted para que no se vean? 
¿No es una especie de «Padre Celestial?...» 
Pues en las nubes... Y cómo aparezco en 
el cielo. Allí no llega mi mujer. 
Muy bien pensado. Si señor, concedido. 

Y vea usted de qué manera Dios me da 
para tabaco... que es lo que no quiere dar- 
me mi costilla. 

Vaya, vaya; entendidos. 

¡Ah! SObre todo mutis... (Barullo del coro) 

Y hago mutis que viene gente. 
Veremos si se porta usted bien. 

No tenga usted cuidado... he sido galán 

jOVen. (Mutis los dos) 



ESCENA XI 

Coro de abonados y Coristas 

Música 



Ellos. Bravo, bien habéis estado 

en el coro de «Bacantes.» 



18 



Ellas. 


Te ha gustado. 


Ellos. 


Me ha gustado 




porque estáis exuberantes. 


Kllas. 


Dueño mío 


Ellos. 


Cariñito. 




Pues que así estáis muy divinas 




con tus formas peregrinas 




y el conjunto muy bonito. 


Ellas. 


¿Sí, chatito? 


Ellos. 


Sí, chatita. 


Ellas. 


Es bonito. 


Ellos. 


Sí, bonita. 


Todos. 


Te quiero — te amo, 




te adoro con frenesí, 




me muero, me abraso, 




me pierde el amor por tí. 


Ellas. 


Señor abonado 




tu amor no me hace feliz 




porque eres casado 




y no me conviene á mí. 


Ellos. 


Contigo pronto al baile me entrego 


Ellas. 


No te lo niego, 




vamos á bailar. 




CMutis todos^ 




ESCENA XII 




JUSTO y PEDRO 




Hablado 



Pedro. Mire usted, la hebilla ha costado dos reales. 

Justo. ¡Vete al diablo! Para hebillas estamos. 

Pedro. Como doña Casia ha mandado que la paga- 
se usted... 

Justo. Hasta ya se atreven á disponer de mi dine- 
ro. A ver si un día me quitan los panta- 
lones. 

Pedro. Eso me ha pedido la característica. Dice 
que para Las Habas verdes necesita unos, 
y que esto es obligación de la empresa. 

Justo. ¿El llevarlos? 

Pedro. No, el traérselos. 



— 19 — 

Justo. ¡Ya, ya! Aquí nadie tiene obligaciones sino 
yo... pero las retiraré de la circulación y 
verás tú que pronto dejan de cotizarse para 
esta gentuza. 

Pedro. Maldito si entiendo estas cosas. 

Justo. Ni falta que hace. Anda, listo; que te haga 
el representante la nota de ensayos y exí- 
bela á los señores artistas. Mañana ó esta 
noche, armo yo la gorda. No quiero que 
me dominen más los que se me comen el 
pan, y... 

Pedro. Le digo también al representante, que me 
dé los dos reales de la hebilla. - 

Justd. ¡Vete al demonio! 

Pedro. (Aparte) Mal viento corre... No; pues yo no 

pierdo lOS dos reales. (Mutis Pedro) 



ESCENA XIII 



JUSTO, PAGANO, TEODORA y D. a NISIA 



Paga.. Miren ustedes; aquí tenemos al intrépido. 
Empresario. 

Teod. Me lo figuré. ¿Siempre cerca de la estrella? 

Paga. Distingamos: estrella errante... si. 

Nisia. Errante ó errada, para el caso es igual. 
Todo el mundo está donde le conviene es- 
tar. ¿Verdad, don Justo? 

Justo. (Aparte) La cócora número mil uno... 

(Alto) ¡Hola! ¿Qué se les ofrece á ustedes? 

Nisia. Pues, poca cosa; hablando, hablando con el 
señor Pagano, con cuya amistad nos hon- 
ramos... 

Paga. Permítame usted, doña Nisia, cuya amis- 
tad me honra. 

Justo. Bueno, sí; se honran mutuamente. 

Nisia. Será eso; porque él honra á mi niña, me 
honra á mí... y la niña á él, y yo á la ni- 
ña... y 

Justo. Comprendido. (Aparte) Y le escurrís... los 
bolsillos. 

Nisia. (Alto) Pues sí; hemos hablado de lo del be- 
neficio de la chica, y el señor Pagano, con 



— 20 



Paga. 
Jusi o. 

Teod. 
Nisia. 



Justo. 

Nisia. 

Justo. 

Nisia. 



Justo. 
Paga. 
Justo. 
Nisia. 



Paga. 
Nisia. 
Paga. 
Nisia. 



Paga. 
Nisia. 

Paga. 

Nisia. 



su galantería proverbial, se ha empeñado 
en acompañarnos para pedirle á usted un 
favor... 

Que no dudo concederá usted, siquiera 
para que algo valga mi intervención. 
(Aparte) Abonaditos por medio, ó protecto- 
res... picardía en puerta. (Alto) ¿De qué se 
trata? 

Pues verá usted, señor Job... Y si no, díse- 
lo tú, mamá, que entiendes más de esto. 
Pues sí... Usted ya sabe que mi niña vino 
aquí, por favor especial á usted, como otra 
primera tiple, no porque tuviera necesidad 
de ello, porque... mire usted, señor Paga- 
no, me la pedían para Cádiz, con catorce 
duros diarios-, para Valladolid, con dieci- 
siete; para Bilbao, con dieciocho; para Va- 
lencia... 
Con veinte. 
Justo. 

Sí, este mi nombre. 

No, si digo esto: con veinte. Y esto lo sabe 
usted, señor Pagano, porque se lo hemos 
contado muchas veces. 
¡Oh! ¡Así, lo sabe perfectamente! 
Eso es, sí señor, lo sé... por eso. 
(Aparte) Animal. (Alto) Bueno, ¿y qué? 
Que, á pesar de tan ventajosas proposicio- 
nes, la niña obtó por su teatro de usted, y 
aceptó el miserable sueldo. Miserable, sí, 
que hasta me da vergüenza decirlo... Figú- 
rese usted, señor Pagano; siete duros... 
¿Semanales? 
No: diarios. 

Sí que es poco, sí que es poco, poco, poco... 
No hay para polvos. Pero como se trataba 
de don Justo, ni siquiera regateamos. Us- 
ted ha visto el éxito de mi niña, porque, sea- 
mos imparciales, señor Pagano. ¿Quién es 
aquí la verdadera artista? 
La señorita Gómez. 

¿Quién es la que defiende los intereses de 
la empresa en el trabajo? 
Su hija. La señorita Gómez. 
¿Quién es la que se trae el público de calle? 



— 21 — 



Paga. 
Nisia. 
Paga. 
Nisia. 
Paga. 
Nisia. 

Justo. 

Nisia. 

Justo. 

Nisia. 

Paga. 



Justo. 



Nisia. 

Paga. 
Teod. 
Nisia. 



Justo. 

Paga. 
Justo. 
Paga. 
Justo. 



Nisia. 

Paga. 
Justo. 



Teodora Gómez, su niña. 
¿Para quién está la prensa y la... 
Para ella, sí señor. La señorita Gómez. 
¿Y los pollos, y los gallos? 
Todos por ella estamos. 
¿Para quién son las ovaciones, los éxitos y 
los delirios? 

Para su hija y su madre, sí señora; siem- 
pre están ustedes delirando. 
Para ustedes, los empresarios, todo son de- 
lirios. 

Bueno, al grano, doña Nisia. 
Pues sí, al grano... Y sino, dígaselo usted, 
señor Pagano, que entiende más de esto. 
Bueno. Pues sencillamente, que las señoras 
desean que usted les conceda el beneficio 
libre de gastos, como pequeña compensa- 
ción. 

Pero, señorita Gómez, y señora mamá de 
la señorita Gómez... ¿Se han figurado uste- 
des que yo soy un belitre? ¿O quieren to- 
marme el pelo? Su hija á venido á mi tea- 
tro y gana lo que no ganará en su vida. 
Qué barbaridad. Esto no sale de usted, don 
Justo; alguien le ha imbuido á usted. 
No cabe duda. 
La Estrella, seguramente. 
¡Ca!... Doña Casia y don Panfilo: estos pa- 
dres tiplos, que son el tormento de las em- 
presas. ¡Murmuradores envidiosos!... 
Vaya, por fin acertó usted. ¡Padres tiplos! 
¡Cócoras de los paganos! 
¡Oiga usted! ¿Yo cócora? 
No lo sé. 

Bueno, en resumen... 

Que no hay resumen, ni beneficio, ni na- 
da... que ya estoy hasta los pelos de mamas 
y de tiples y de tiplos y de protectores... 
que haré lo que estime conveniente, y que 
el que no esté conforme, á la calle. Vaya, 
se acabó. 

La negra ingratitud. ¿Ve usted, señor Pa- 
gano? 

Verdaderamente, seamos justos, don Justo. 
Usted no se meta donde no le importa, que 
ya sabe lo que toca á los redentores. 



22 - 



NlSIA. 

Teod. 
Nisia. 



Paga. 
Nisia. 

Paga. 



Nisia. 
Teod. 
Paga. 



Justo. 



Nisia. 



(Exasperándose por grados) ¡EstO ya eS más! esto 

es un ultrajé. 
Todo viene de lo mismo. 
Sí, ya lo sé, ya lo sé. Todo viene de esta 
estrella de guardarropía, que ni sirve para 
llevarle los zapatos á mi niña... ¿Verdad, 
señor Pagano? 
Así es en efecto. 

Y perder yo por esta gentuza el beneficio 
que podía producirme cuatro mil reales. 
¡Bah! no permito que se desesperen ustedes. 
No vale la pena; yo pago los cuatro mil 
reales. 

No señor, ¡no faltaba más! 
¡De ninguna manera, vaya! 
¿Cómo que no? Lo mando, sí señora, y me 
atengo al pacto que selló nuestra amistad. 
Aquí lo mío es de ustedes, y lo de ustedes 
mío; por lo tanto, un solo bolsillo, y una 
sola... 

¡Tontería! Eso es... Si al cabo y al fin hay 
que mezclarlo todo, lo mismo da. 
(Aparte á doña Nisia) ¿Ve usted, señora mamá 
Gómez? ya tiene usted el beneficio libre. 
Aun los hay más paganos que yo. 
¡Jesús! Qué empresario. Vamonos, vamo- 
nos. (Mutis D. a Nisia, Teodora y Pagano) 



ESCENA XIV 



JUSTO, sale DON PANFILO 



Justo. Viene usted de molde. Suba á la sastrería 
y pruébese el traje de «Júpiter tonante.» 

Pan. Pues me viene usted de perilla. Quería pe- 
dirle un pequeño anticipo á cuenta de mi 
sueldo... cuarenta... 

Justo. Canastos... 

Pan. No, céntimos. Cuarenta céntimos para una 
cajetilla... 

Justo. Tiene gracia... 

Pan. Maldita la gracia sin tabaco. 

Justo. Bueno. Vaya usted á probar y luego pase 
por contaduría para el cobro. 



— 23 - 

Pan. Luego, me lo descuenta usted á prorrateo. 
Phis... mutis otra vez que llegan las Aeras. 
Justo. Vaya... abur. (Mutis justo) 



ESCENA XV 



PANFILO, ANTONINA, D. 
TEODORA y D. a 



CASIA, PAGANO, 
NISIA 



Nisia. Vaya, vamonos al café... 

ANTO. ¡Oh! ¿TÚ aquí, monísima? (Las dos se abrazan y 
se besan extremadamente) 

Casia. ¡Ah! Doña ¡Nisia! ¿Cómo está usted? (ei mismo 

juego que las niñas) 

Nisia. Nos hemos permitido traerles á ustedes un 
amigo nuestro; el señor Pagano... 

Teod. Es muy buena persona. 

Casia. (Aparte) Y sobre todo, de nombre muy reco- 
mendable. 

Paga. (Alto) Servidor de ustedes. 

Pan. Gracias. (Aparte) No se me olvidará. 

Teod. (Alto) ¿Has terminado ya La Africanita? 

Anto. Ahora mismo. 

Teod. Y como siempre, te habrá valido una ova- 
ción. La cantas magistralmente. 

Anto. Gracias. ¡Qué! ¿tú no trabajas esta noche? 

Teod. Sí, mujer, en la última. En cambio, maña- 
na tengo las cuatro, y pasado mañana, fi- 
gúrate, con el estreno de Las Habas, que 
ya sabes mi papel lo que juega... 

Casia. Sí, es para lucirse... Pero agradézcaselo us- 
ted á Antonina, que lo escogió para usted. 

Nisia. Una buena amistad no tiene precio. Porque 
la empresa, quería de todas maneras, 
que su hija no hiciera la «Gilda», sino la 
«Otulda.» 

Paga. Naturalmente; porque la 
sentimental, más poética., 
es más ordinaria; cuadra mejor en la seño- 
rita Antonina. 

Casia. Oiga usted; el ordinario es usted. 

Anto. ¡Qué grosería! 

Pan. Esta inconveniencia, caballero... 



«Gilda» es más 
. y la «Otulda» 



- 24 - 

Paga. ¡No! Si ustedes han comprendido nial. Yo 

no digo... 
Anto. Usted ha dicho, y muy claro, que yo era 

ordinaria. 
Paga. No señora, y dispense. He dicho, que los 

papeles ordinarios le cuadraban á usted. 
Pan. Que es lo mismo. Igual me es que me digan 

pobre, ó que no tengo un céntimo. 



ESCENA XVI 



(Dichos y PEDRO con la lista de ensayos) 

Pedro. La lista de ensayos para mañana. 
Pan. Yo me escurro á probarme el traje. 

(Mutis D. Panfilo) 

Anto. (Leyendo) ¡Qué barbaridad! Que me esperen 
sentados. 

Casia. ¿Qué es, hija mía? 

Anto. Lea usted. A las diez, señorita Antonina, 
al piano; «Habas.» 

Casia. (Leyendo) A las diez y media, Señoritas An- 
tonina y Gómez, al piano; idem. 

Nisia. ¿Cómo? ¿Cómo? 

Casia. Sí, mire usted. 

Nisia. (Leyendo) Justo. A las once... todos. «Habas» 

Paga. Ni que fuera un bodegón. Cuantas habas. 

Casia. Dígale usted al empresario, que mi niña no 
se levanta á las diez. 

Nisia. Ni la mía á las once. No faltaba más. 

Pedro. Fuera para una juerga, ya sería diferente. 

Casia. Usted que sabe... ¿so bárbaro? 

Pedro. Oiga usted, doña Casia; no me ponga usted 
motes, que ya me voy cargando. 

Casia. ¡Oh, qué casa! Hasta el avisador tiene fue- 
ro para faltar á las artistas. 

Pedro. Sí, pero á las viejas solamente... 

Casia. ¿Oyen, qué insolencias? 

Paga. Así defiende el hombre la» dos pesetas dia- 
rias. 

Pedro. Caballero; nadie le da á usted vela en este 
entierro. ¡Ah! apropósito de velas; orden de 
la empresa; en lo sucesivo, el artista que 
las quiera, que se las pague. 



— 25 — 

Casia. ¡Jesús! Esto es la anarquía. 
Nisia. Esto es irrespetuoso,.. 
Paga. Es arbitrario. 

Pedro. Yo ya lo veo. Me parece que esto es 
quidación teatral. 



lali- 



ESCENA XVII 

Dichos y LUIS 

Luis. Buenas noches, señores. 

Anto. Luis mío. 

Teod. Luis mío. 

Luis. Plancha. 



Música 

Anto. Ya sabes tú qne soy prudente, 

que he puesto en tí todo el querer 
mientras que tú. pillo indecente 
haces el mono á esa mujer. 
Ay de tí si por tu mala estrella, 
ay de tí si la vuelves hablar 
aquí mismo, en presencia de ella 
el bigote te voy á arrancar. 
Teod. Ven aquí tú, tío indecente, 

pues por si acaso has de saber 
que mi persona no consiente 
trates más á esta mujer. 
Ay de tí si con ella te veo, 
ay de tí si es que llego á explotar, 
ya verás el menudo jaleo 
el fandango que aquí se va á armar. 
Luis. Quién lo pudo sospechar 

encontrar aquí ese par, 
lo han tomado por lo serio 
y me van á marear. 
Como no puedo salir 
he de aguantar y sufrir 
de las dos el vapuleo 
y me voy á divertir. 
Cas. t Nisia. Algo muy serio 
debe pasar 



Coro. 



- 26 - 

cuando mi hija 
tan grave está. 
Algo muy serio 
debe pasar 
cuando las tiples 
tan graves están. 



Hablado 



Teod. De modo que me engañabas. 

Anto. Tenías otro amor, infame. 

Nisia. Exíjale usted reparación, señor Pagano. 

Paga. Eso. Caballerito, usted reparará. 

Luis. Vale más que la reparación se la haga en 

la fachada de usted, que me parece muy 

feo. 
Paga. Caballerito... Caballerito. 
Teod. Y la fé jurada y la palabra empeñada. 
Luis. Pues mira, si te empeñé la palabra en no 

pagándote los intereses, te quedas con ella. 
Anto. Y el amor prometido. 
Luis. Ya lo ves. Comprometido. 
Casia. Todo por estos pingajos. 
Nisia. Pingajos nosotras, doña Pitos... que no lo 

dice otra vez. 
Casia. No se metieran donde no las llaman. 
Nisia. Así pagan ustedes los favores de mi niña. 
Anto. ¿Qué favores? ¿qué favores? 
Teod. Sí señora. Que si no fuera por mí, tiempo 

ha que no estaría en si teatro. 
Nisia. Cuántas veces sin las enaguas de mi niña 

hubiera usted salido en... 
Teod. Y otras cosas... Polvos inclusive. 
Anto. ¿Oyes mamá? 
Casia. Palabras necias, oídos sordos. 
Luis. Eso. Palabras necias. 

Paga. El necio lo será usted. (Aparte) Yo me lan- 
zo, yo me lanzo. 
Luis. (Alto) Esta palabra, don Juan. 
Paga. La he dicho de corazón. 
Casia. Vamonos niña... dejemos esta gentuza. 
Nisia. Gentuza nosotros; ahora lo verás. 

(Se arroja sobre ella; gran algazara; todos se pegan. El coro 
aparece en escena, mezclándose en la contienda D. Páyji/o 
vestido de «Júpiter», aparece también y recibe un bastonazo 
que le produce herida, de la cual, manará mucha sangre.) 



- 27 - 

Pedro. Ande la marimorena. Ahora las vengo yo 

todas; á repartir palos tocan. 
Pan. ¿Qué es esto que pasa? ¡Ay, ay, ay! 
Casia. ¡Jesús! Tu padre vestido de mamarracho y 

herido. 
Pan. ¡Sangre! Venga la Extremaunción. 
Anto. Socorro... Socorro... 
Teod. Pero ¿qué ha sido? 
Paga. ¡Qué sé yo! Que habré atravesado con el 

bastón á ese esquimal. 



ESCENA ULTIMA 



Dichos y D. JUSTO 



Justo. 
Pedro. 
Justo. 

Pan. 

Casia. 
Pan. 

Casia. 
Justo. 

Pan. 



Justo. 

Pan. 

Justo. 

Luis. 

Justo. 

Pedro. 
Justo. 

Teod. 
Anto. 



¿Qué es esto? ¿Qué ha pasado? 
Una batalla de tiples. 

Con sangre y todo... Uy.pobre don Panfilo, 
¿cómo está usted? 

Pues ya lo ve usted, con una cara como un 
mapa. 

¿Pero qué vestido es ese?... 
Pues nada... ya lo ves; es un vestido por 
mor de la Tabacalera... 
¡Qué vergüenza! 

No se avergüeuce usted tanto y dele más 
dinero para que fume el pobre... 
Eso. Usted ha dado en el clavo. Ya volveré 
yo á mis tiempos, la energía que tenía cuan- 
do era galán joven. 

Cuide usted ahora de sus narices, que ma- 
nan sangre y no recuerde sus tiempos. 
Pero usted ve que siempre pago yo los pla- 
tos rotos. 

Ola, ¿usted aquí, Luisito? 
Sí señor, yo aquí. (Aparte) ¡Ay, Dios mío! 
(Alto) ¡Caramba; caramba! Estaba usted 
también presente en la batalla? 
Si era el objetivo. 



Y qué tal la familia, 
¿los hijos buenos? 
¿Qué? 
¿Cómo? 



¿La esposa buena?. 



28 - 



Luis. 
Justo. 



Anto. 

Teod. 

Nisia. 

Casia. 

Paga. 

Pan. 

Luis. 

Justo 



Luis. 



Anto. 

Nisia. 

Paga. 
Justo. 



¡Tablean final! (Aparte) ¡Este si que metió 
la pata! 

(Alto) ¡Ja, ja, ja!... Ya comprendo. Le te- 
níais por soltero. Pues la solté. Es casado y 
con hijos. 

¡Miserable! 
¡Embaucador! 

¡Trigano! 

Hombre, me ha comprometido usted. 
¿Yo qué sabía? Haber pasado antes por la 
Administración y advertirme. Los calave- 
roñes deben ser ante todo prudentes. 
Nada, á lo hecho pecho. Yo prometo que en 
cuanto enviude me casaré con una de las 
dos, y cuando vuelva á enviudar con la 
que quede. Vaya, abur. Ya nos veremos, 

don JuStO. (Se va corriendo) 

¡Ay de mí! ¡qué vergüenza!... 
Olvídale, hija mía, para siempre... Aquí 
está don Juan Pagano... 
Siempre... pero no para casarme... Mi mé- 
dico me lo prohibe. 
Tomen ustedes ejemplo. (Ai público) 



Música 



FiN 



OBRAS PROPIEDAD DE D. BRUNO GDELL 



El dúo con la sultana, zarzuela bufa. (1) 

Un cien pies, zarzuela bufa. (2) 

El Tío Fresco, juguete cómico-lirico. 

De telón adentro, zarzuela cómica. 

Bouquet Nacional, revista cómico-lírica. 

Castigo del cielo ó la Mela de JU1Í0, juguete cómico. 

Bocanegra, zarzuela cómica. 

Sesentón calavera?}, juguete cómico. 

La carabina de Ambrosio, juguete cómico. 



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